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EL PENDULO DE VIDRIO
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Teresa Coraspe: el silencio sempiterno

Por Rafael Rattia

 

Cuando "Este Silencio, Siempre" (Asociación de Escritores de Venezuela, Seccional Bolívar, Editorial venezolana 1991) se hizo de dominio público; quiero decir, cuando este hermoso manojo de poemas de la escritora oriunda de Soledad, Estado Anzoátegui, Teresa Coraspe, llegó a sus destinatarios naturales –los lectores- ya la poeta contaba con una prolífica y dilatada trayectoria en el ámbito de la Obra publicada.

Revisito, releo con redoblada avidez este singular libro –según la autora- escrito durante la década de los años ochenta y publicado a comienzos de la última década de la pasada centuria y no dejo de asombrarme con la calidad y los aciertos expresivos contenidos en este poemario de nuestra exigente escritora; me atrevo a afirmar, la de mayor estatura literaria que ha dado el Oriente venezolano en los últimos cincuenta años de creación poética de esta compleja y alucinante geografía de nuestra nacionalidad. Es altamente revelador que el libro se inicie y "termine" con un heterodoxo epígrafe del gran poeta de la Democracia Walt Witman. Es que este poemario de Coraspe posee una distinguida vocación de ruptura, no se inscribe en el marco anquilosado de cierta pretendida "tradición poética nacional"; más bien huye de los cánones fosilizados y de las pautas formales.

El lector que toma contacto con esta poesía de Teresa Coraspe no puede evitar ser tocado por la maravilla de inframundos, de universos paranormales, de realidades extraracionales. Véase el poema titulado "La casa de sombras" y constátese la afirmación que up supra testo. Ciertamente, gran parte de los poemas aquí vertidos son enigmas de lenguaje, misterios y perplejidades irresolubles que ponen en aprieto la capacidad perceptiva del lector. En este sentido Teresa Coraspe es un rara avis en el firmamento literario venezolano y en la poesía hispanoamericana en general. Las recurrentes temáticas del olvido y el desamparo, la soledad y el silencio expresivo que transparentan estos poemas nos revelan la persistencia tenaz de una de las más altas exponentes de las letras continentales latinoamericanas.

Se trata de una poesía profundamente filosófica pero heredera de un raro existencialismo que no tiene nada que ver con metafísicas importadas del Viejo Continente; nuestra escritora hunde sus atormentadas raíces en los abismos de una vida arraigada en la terredad más íntima que imaginarse pueda el lector. Veámos una breve muestra de lo que decimos: "Voy en búsqueda del más hondo silencio. Más allá de todas las muertes. Avanzo siempre asida a la tierra. Inmolarme antes de la despiadada cacería. La sangre como tributo". (p.20)

En casi todo el poemario advierto esa voluntad desapariciente de innegable raigambre borgesiana, la escritora postula una urgencia de inanidad que sólo los grandes pesimistas como nuestro José Antonio Ramos Sucre pueden enarbolar sin desmedro alguno en la plenitud e integridad del poema. Ello le confiere a la poeta una humildad que únicamente las piedras sentimentales de Rabindranaht Tagore pueden disputarle a la finísima sensibilidad literaria de la autora. Leer la poesía de Teresa Coraspe es adentrarse en la mar embravecida de un espíritu atado a la zozobra; el lector siente la nervadura de su prosa poética impregnada de perturbadoras ansiedades vitales. Imagínese el lector un misticismo herético, una ebriedad se sentido que se exterioriza en el verso certero y prístino que no permite anfibologías ni lasitudes de significados.

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