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EL PENDULO DE VIDRIO
Rafael Rattia
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Rafael Rattia

Nace en el Delta del Orinoco, Venezuela, en 1961.  Historiador, ensayista y poeta.  Escribe crítica literaria en suplementos literarios y en revistas virtuales en Internet. Fundador del Ateneo Internacional de fronteras "Casa de las Aguas" y co-fundador del Jardín Botánico de Delta Amacuro (Venezuela).  Ha dictado Talleres de formación literaria y conferencias sobre literatura venezolana contemporánea.  Ha publicado en revistas como Ateneo (Venezuela) y Espéculo (España), La Lectura (Argentina), Casi nada (España) y La Tecla (México).  Su primer poemario La pasión del suicida sale a la luz en 2000.
 
Iniciación al lobezno
 
Vengo de un país ignoto donde se habla con los muertos.
Mi hogar es un espino que lastima mi alma de lector apátrida
Vivo en la zozobra y naufrago en el asco de una pestilencia
                                                civilizatoria compulsiva
La patria escarnecida de mis ancestros es un escándalo
                                                vituperado por hordas implacables
Todos se afanan por aprobar el propedéutico: hominis lupus hominis. Los colmillos
sangrantes se hincan en el cuello ciudadano y nuestros hijos son una legión de proyectos
ausentes.
                                                Consignas vacuas se izan por doquier
                                                en nombre de un cadalso de seda.
 
Parias de la desdicha, hurgamos en el detritus de la promesa silente.
 
Postales estranguladas; raídas por lágrimas disecadas.
 
Eso somos: un grito de pimienta en la sabana decrépita.
 
 
 
 
Ciudad derruida
 
Aquí yacen cientos de fanáticos habitantes de una tierra de agua
Lacerada por la desidia de una decena de sectas sedientas de plasma.
Estos cementerios son las ruinosas herencias de una reconstrucción a media luz que se
hizo debajo de los sedimentos del Mar Muerto.
Este es el reino de unos semáforos apedreados sistemáticamente por espermatozoides
verbosos que suplantaron el ojo contralor de un Alcalde exiliado de sí mismo.
Un malecón evocado con rabia de druidas
se dibuja antes del amanecer
Y todo su recuerdo es un miasma de municipio
El puño izquierdo reposa en la insondable letrina
                                                 de unos
procuradores subjúdices
Mientras un Aedes aegiptus bebe letras dispares
                                                 e inconclusas
en una enciclopedia de la infamia.
 
 
 
 
Los sueños descuartizados
 
Estos son los reinos de las maternidades arrasadas por una fe pálida y desguarnecida;
fe sin techos ni paredes,
ni puertas, ni ventanas...
Por aquí pasaron los potros de la febrilidad indómita
y plantaron banderas con astas en los palafitos de la discordia
He allí los frutos de tristes espinos
que lastiman cruelmente las sonrisas de los infantes
El aire se ha tornado irrespirable
y los vecinos son lobos aullantes
que aplauden enceguecidos al ritmo de la ola multitudinaria
El exilio es una lotería que cualquiera se gana por adelantado
y no hay, por ahora, ningún fablistán preso
en las mazmorras del dogma
pero nadie osa hablar en voz alta
Cada "círculo de la redención" se embucla más
abajo de la historia y la utopía es una galleta amarga
hecha con los huesos del adversario.
 
 
 
 
Extrema urgencia
 
Anillos imantados en la extrema
urgencia de una invocación fluvial
Vuelo subyacente me eleva
hacia ignotas profundidades
Y me desvivo
y me desvelo, y desespero, y me desgarro, y muero, y nazco, y resucito
buscando la antigua gruta que me salva y me pierde
en cielos de vértigo.
 
 
 
 
Grito no proferido
 
Alzo la voz y la estrello contra
los arrecifes de un silencio sepulcral
Voceo a tientas por entre los laberintos
de agua que rodea a la ciudad decrépita
El grito no proferido de los desalmados
es un boral mortecino en la tarde aciaga.
Un río llora la ausencia de barcos lunecidos
en mitad del día quemante
A veces la voz de Dios no es la voz del pueblo
y desde la rendijas de los acantilados surgen
aullidos lacerantes de niños huelepega
alistados en las «filas rojas» del nuevo amanecer.

 
 
 
Volver a la ciudad
 
Vuelvo y vuelo, alto y sereno
como el vuelo aristocrático
del Albatros en lejano exilio
Vuelo en los ojos melancólicos
del ave extraviada pasada la tormenta
Y vuelvo, una y otra vez, y otra vez, y otra...
en busca de un vestigio, de un hilo que me guíe
en el recuerdo a las puertas derruidas de la ciudad
arrasada en nombre de las buenas nuevas.
Los profetas inventan otras formas
de padecimiento, esta vez voluntario.
 
 

COPYRIGHT © 2004 RAFAEL RATTIA

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